Para qué enseñarle algo que sabe desde su niñez. O quizás sí. Sí, es prudente que yo le muestre en breves pasos lo fácil que es pasar la noche creyendo que vive con un monstruo y despertar la cobardía en un hombre adulto. Lo más probable es que después de tantos años de haber perdido sus referentes infantiles, usted no recuerde lo qué es un, o cómo es un monstruo. Un monstruo es un ser mitológico, de grandes dimensiones y muy poderoso; actualmente las convenciones arbitrarias lo muestran como un peluche malo que varía de colores, con dientes filudos; puede tener si bien un ojo, dos o hasta cuatro. Le hago una advertencia: el monstruo con el que usted creerá vivir no será uno enclenque y afelpado sino el de la mismísima mitología. Continuemos, los monstruos regularmente habitan en lugares cálidos como: sótanos, armarios o debajo de una cama; come humanos crudos, como usted o como yo. Ya que usted recuerda el modus vivendi y operandi del horrible acompañante de sus veladas, procederé a guiarlo.
Como primer paso, aconsejo que coma mucho a partir de las diez de la noche. Es probable que llegue del trabajo o universidad y tenga mucha hambre. Tener la barriga llena no sólo trae consigo un corazón contento ni las arterias llenas de grasa, sino que ese estado lo lleva a tener más alucinaciones que un borracho después de haberse bebido media cantina. Ya con la barriga llena y su estado de obnubilación deberá añejar su miedo desde las once y media de la noche hasta las doce en punto porque a esa hora todo oscurece más de lo normal y en su cabeza empezarán a rondar historias de monstruos y aparecidos. Al principio, creerá tentar con valentía a los seres de otro mundo. Se dará el lujo de blasfemar en contra de las almitas en pena y los monstruos. En cuanto a estos, dirá que son unos grandes maricas porque Disney los ha transformado en seres más bondadosos que una monja de orfanatorio. Cuando sean las doce y cinco, usted creerá creer que hay alguien en alguna parte de su casa. Escuchará pasos de grandes dimensiones y sospechará que al monstruo que ha tentado, llegó. Comenzará a gritar, a implorar por su alma y pedirle disculpas al monstruo que ahora está en su cuarto esperando a sacarle las tripas. En pocas palabras, el marica ahora es usted. Una vez que siente que el miedo se ha apoderado de sus sentidos deberá entrar a su cuarto. Ingenuamente caerá en el cliché de cazador de mitos y querrá enfrentar al monstruo. Tome un paraguas (sí, quiero hacerlo ver más marica) y llévelo como espada hasta la puerta de su cuarto. Suba poco a poco las escaleras, gire su cabeza cada tres segundos para constatar que el monstruo no está detrás de usted.
Al llegar no encienda las luces, quizás con esto el monstruo se altere, lo asesine y me arruine el manual de supervivencia. Revise debajo de la cama, tiene tanto miedo que sabe que el monstruo pudo ocultarse allí debajo y sacar una de sus grandes y garrudas manos para abducirlo y sacarle las entrañas. Cuando tenga lista la inspección y sabe que su existencia no acabará de forma tan cruenta, recuéstese suavemente en la cama, tápese con la frazada y siga temblando. Seguirá con la idea en la cabeza de que hay un monstruo. Durante los siguientes veinte minutos, no podrá dormir. Coloque la cabeza en su almohada y manténgase despierto (de preferencia sude para hacer más realista y conmovedor el cuadro). Instantáneamente comenzará a escuchar el crujido de los arboles contra las paredes de su casa, las ramas producirán sombras horripilantes, el croar de los sapos se convertirán en el sonido del aleteo del dragón, etc. Esto provocará que tiemble como una gelatina cuando es desvirgada por una cuchara. Dará una vista panorámica a su dormitorio y seguirá sintiendo la grave presencia del monstruo. Como paso cobarde, activará su mejor arma de defensa: la colcha; con ella se cubrirá hasta la cabeza. Su mente le seguirá jugando trastadas y creerá escuchar ruidos, gruñidos; sentirá el temblor de la cama provocado por una fuerza sobrehumana. El clímax de su espanto llegará al momento en que diga sentir el vaho del ser paranormal sobre la nuca. Inmediatamente, se dará la vuelta y en su estado entre sonámbulo y consciente, verá que no hay nadie. Sólo ha sido un susto. Destapará su todavía asustadiza humanidad, colocándose de manera cómoda para dormir hasta el día siguiente. Como el sueño tiene la capacidad de borrar los recuerdos, su miedo renacerá y se tomará su cuerpo nuevamente durante las siguientes noches de su existencia gracias a su glotonería.
Advertencia: Si los síntomas persisten, consulte a su psiquiatra.
Duración del espanto: 20 minutos
Es muy verosímil. Juegas con uno de las mayores miedos infantiles. Pero el mérito de estas instrucciones es que se dirige a un narrador adulto y logra convencer de lo que se dice. Cuando digo que es verosímil me refiero que al final dices que todo fue "un susto". No estamos ante un monstruo mitológico ni nada por el estilo: es el miedo humano capaz de immaginar cosas donde no las hay.
ResponderEliminarEs divertido, realmente no se sale de los temas que son comunes en ti es decir, el terror y los monstruos.
ResponderEliminarA pesar de eso es divertida la idea de quererse asustar ya siendo adulto por un terror infantil sin embargo eso del monstruo mitológico no me convence creo que pudiste jugar más con un ladrón, violador, psicópata o algo así es como más actual.
Hay cierto lenguaje que no me convence como "dirá que son unos grandes maricas (...)" la palabra marica no me suena pero quizás sea solo yo; y la palabra desvirgada no sé si la puedes utilizar con gelatina o sea yo solo la he escuchado en contexto sexual, no sé creo que puede utilizarse otra palabra.
Me parece creativo de todas maneras y como para reír imaginándose a un adulto en esa situación.
Esta line aes genial: En cuanto a estos, dirá que son unos grandes maricas porque Disney los ha transformado en seres más bondadosos que una monja de orfanatorio.
ResponderEliminarMe gustó, voy a volver a comentar, me estan sacando del aula.
El final es estupendo, creo que es un buen cierre.
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