jueves, 28 de julio de 2011

Celeste muerte


Eran casi las once cuando me desperté. Desde hace cinco años mis despertares eran placenteros porque lo primero que veía era a Ignacio. Aquella mañana sería distinta, él se había ido. Revisé la sala para ver si no estaba dormido el sofá; fui a la cocina por si acaso estaba preparando el desayuno. No estaba. Supuse que había madrugado al trabajo hasta que encontré en el estudio que se había llevado todas sus cosas. Corrí al dormitorio y era cierto, su ropa no estaba y sólo quedaban esos zapatos color caqui que tanto odio. No recordaba nada de la noche anterior. Probablemente discutimos, pero la resaca no me dejaba pensar.
Ninguna nota, ninguna despedida, ninguna nada. De un tiempo acá comencé a sentir que Ignacio aparte de aburrirse de mí había comenzado a odiarme. Yo lo seguía amando desde el primer día en que vi sus ojos celeste mar. ¡Qué hermosos ojos! De todos mis amantes lo que más me ha enamorado son sus ojos. Los ojos de Ignacio me estaban siendo ingratos, siempre me traicionaban, lo sabía. Eran culpables cuando nunca me miraban y solo se dedicaban a esquivarme. Uno de los tantos juramentos que Ignacio me hizo fue que sus ojos siempre me pertenecerían. Y así los sentía, tan míos que en las noches de frio trataba de cubrirle el rostro para que mis pequeños favoritos no se resecaran. 

Cuando Ignacio comenzó a portarse áspero conmigo, ya no me dejaba abrazarle el rostro; no me miraba. El fuego azul se estaba extinguiendo y yo junto a él. Desde hace un mes Ignacio había empezado a salir con una mujer, Sandra, su jefa. 

-David, quiero que entiendas que esto fue un error.
-Ignacio, pero tú me amabas hasta hace poco, por favor no te vayas.
-Sí, siempre te he querido, pero siento que un hombre no es lo que estoy buscando.
-Entonces ¿qué carajos buscas?
-Una mujer que me ame, que se quede conmigo, no como tú, tan egoísta y tan macho. 

Esa era la típica charla diaria. Nos estábamos odiando más de lo que alguna vez nos quisimos.  Sabía dónde vivía Sandra y por eso decidí ir a buscarlo para ver si solucionábamos las cosas.
Al llegar a la casa de Sandra alcancé a verla vistiéndose en su cuarto. Estaba demasiado feliz para ser una roba hombres. Imaginé que Ignacio estaba en la sala o algún lugar cercano a la puerta y corrí a tocar el timbre. Así fue. Era él quien me atendió, aunque de mala manera, pero lo hizo. Volví a ver sus ojos celeste mar.

-¿Qué haces aquí David?
-Vine por ti y por mis ojos.
-¿De qué me hablas?
-Tú ya sabes a lo que me refiero.
-Espera... no entiendo.

Esa fue la única frase que me dijo Ignacio antes de que yo le arrancara los ojos. Nunca me imaginé que sería eso, yo ansiaba que me dijera que me amaba o que me detenga. Pero no, no quiso hacerlo. Además no estaba ahí por él, sino por quienes realmente me pertenecían. Ese día llegué corriendo a casa para darle los cuidados necesarios a mis engreídos. Los guardé con gran cariño en un frasco de alcohol y están a lado de los ojos de Fabricio, esos eran de color violeta, también son mis favoritos, pero no más que los de Ignacio.
 
-¿Eso es todo lo que tiene que decir David Hernández?
-Sí señor oficial. No estoy arrepentido, en realidad me complazco tanto de tener los ojos de mis amantes en una estantería. Es una colección privada.
-Listo. Es usted un buen psicópata.
-Siempre dichoso de colaborar con la autoridad. 


miércoles, 20 de julio de 2011

La mujer

 A Monterroso y su dinosaurio
  
Cuando despertaba él siempre seguía allí. La verdad no entiendo cómo hacía para aparecer cada mañana en el mismo lugar. Nunca supe la hora y día de su llegada,  no conocíamos lo que era la comunicación. Por salir siempre apurada a mi trabajo no me tomaba la molestia de despertarlo y así preguntarle por qué estaba allí. No sé cuántos años llevé viéndolo del lado izquierdo de mi cama, tan estático y pegajoso. Ayer no pude dormir y sentí el momento justo cuando entró. Arrastraba su enorme cola, sus pisadas eran descomunales y con el peso de ellas resquebrajaba el piso. Se sentó en la cama y sacó del cajón del velador un libro. De repente cayó dormido y aproveché para revisarlo. Encontré una carta de despido, una tarjeta de un bar gay y finalmente una nota que decía: llámame guapo 091751104. Hoy por la mañana le he pedido que se vaya, que no sé porque he aguantado tanto tiempo a su lado. Desde hoy voy a dormir sola, justo en el lado izquierdo donde él dormía porque así me evito el hábito de creer que él sigue allí al despertarme.

Diálogo

Él siempre soñó con ser un personaje normal. Nunca pretendió ser objeto de análisis profundo por parte de los críticos literarios. En su vacío ficcional, ansiaba pasar desapercibido. Pero, desde el día en que su creador tenía una idea en camino, su destino iba a cambiar. No sería un personaje normal.

-¡Eureka!, se llamará Aníbal, dijo el escritor.

El personaje escuchó lo que su creador había dicho e inmediatamente decidió protestar por no haber sido tomado en cuenta para la elección de su nombre.

-¿Perdón?, creo que te equivocas, tú no puedes decidir por mí.
-¿Quién te engañó de esa forma, Aníbal?
-Primero que nada, no me gusta el nombre Aníbal.
-Eso lo decido yo, no tú.
-¡Por supuesto que sí!, yo estoy aquí para ser quien yo quiero ser no para ser quien tú pretendes que sea.
-Creo que no estás entendiendo nada, yo te pongo el nombre que quiero.
-No lo permitiré.

Escritor Narrador se enojó, era la primera vez que le tocaba un personaje terco. Aníbal o simplemente Personaje no quería acceder a llamarse como Escritor lo había dispuesto. Este pequeño hombrezuelo quería arremeter contra los cánones literarios manifestándose negativamente hacia su creador. Escritor Narrador tenía una excelente idea para su nuevo relato. Al fin se había dispuesto a armar un personaje completamente redondo: la misma cantidad de defectos que virtudes, amaría pero también mataría; en fin, Aníbal llenaba los requisitos para “personaje redondo”. Después de esa discusión Escritor prefirió agarrar a Personaje por el lado flaco para poder llegar a un acuerdo.

-Mira, yo creo que eres perfecto para lo que busco.
-¿Qué es lo que buscas?
-¿De tí?
-¿Qué te diré? Obviamente que de mí.
-De ti, que accedas a ser quien yo creo que es conveniente que seas y de aquello, triunfar por primera vez en mi vida.
-Creo que estoy entendiendo.
-No, parece que no.
-¡Claro que sí! Has sido un escritor mediocre, criticado por medio mundo literario y ahora buscas el éxito.
-Algo así pero…
-Pero nada, ¿acaso te dicen que tus historias son trilladas? ¿Quizás llenas de adjetivos? ¿Nadie entiende el origen de las reacciones de tus personajes?
-Sí,  a mí no me gusta darle las cosas fáciles al lector.
-¿Tú crees eso? ¿Te frustra?
-Obvio, es fatal, pero ¿sabes algo? poco me importa, yo me siento contento con lo que escribo.
-Algunos amigos que trabajaron para tí como personajes dicen que eres un fraude.
-¿Eso dicen?
-Sí
-¿Ya no quieres oír mi historia entonces?
-Adelante, cuéntala. 

Escritor Narrador le explicó a Aníbal que lo que buscaba de él era un simple desequilibrio mental producido por la fobia a las mariposas y por el abandono de su madre, por ende un caso grave de misoginia. Las mariposas, según el personaje, son igual a las mujeres; por eso mata a mujeres despiadadamente y deja una mariposa en el cadáver antes de irse. Personaje se quedó mudo y no supo cómo reaccionar ante la barbaridad propuesta por Escritor Narrador. No aceptaría, él buscaba otra cosa, algo como ser feliz con alguna mujer en un lugar muy lejano. Otra vez la discusión empezó.

-¡Oye! pero yo no quiero eso, no me gusta.
-La idea no es que te guste a tí, sino a los críticos.
- Me das pena, tú vives de esos caníbales, yo vivo de tu pluma y de tí.
- Mejor dicho, vives gracias a mí.
-En eso sí no estoy de acuerdo contigo. 
-Como sea, el hecho es que yo te necesito a ti para que me respeten.
-Ok, te puedo ayudar, pero cámbiame esa historia.
-No, negadísimo, tú harás lo que yo creo conveniente.
-Aunque me pongas en una novela de cuatro tomos, aceptaría.
- ¿En una de cinco?
-¿Te drogas? No, no voy a aceptar.
- No sé porque te haces de rogar, te estoy dando la oportunidad de tu vida.
-Según tú, ¿cuál?
-Dejarás de ser un personaje mediocre, sin vida, tan “blanco y negro”.
-Yo ¿mediocre?
-Pero por supuesto, me imagino que ansias estar en una historia que le cuenta todo al lector desde que lee el título...
- Ser personaje es mucho más complicado que ser escritor.
-No, eso es completamente falso.
-Claro que no, tú has destinado a la mayoría de mis amigos a ser parte de los “personajes del montón”.
-¡NO!, estás equivocado yo escribo sobre asesinos de una forma original y fresca.
-¿Ah sí? Si eso fuera cierto, lo más probable es que ya tenías que haberte ganado el Pulitzer.
-Eso es para periodistas
-Entonces el Nobel. Tus historias son más superficiales que una adolescente de trece años.
-¡Los críticos me dijeron que si le agrego algo más a mis historias quedarían perfectas!
-Iluso, cree lo que quieras, pero yo no quiero ser protagonista de un cuento tan trillado.

Personaje no se dejaba convencer por Escritor Narrador. Cinco minutos después volvieron a encontrarse, con una nueva historia y con un posible final para Personaje.

-¡Escucha! ¡Te tengo lista una nueva historia!
-¿Tan rápido?
-¡Para que veas!, el oficio de la escritura es innato en mí.
-Ajám
-Bueno, bueno, escucha
-Cuéntamela
-Vas a ser un asesino intelectual; leerás a Maquiavelo y a él le atribuirás tu forma de actuar con la sociedad, por eso eres un asesino. Si quieres una sociedad mejor, mata a quienes la dañan. ¿Ves? ¡EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS! ¿Se aplica no?
-Mmm…
-¿Mmm? ¿Sólo eso vas a decir?
-Es que me sorprende tu capacidad de superficialidad.
-No te permito que me digas eso, yo sé mucho de filosofía y de literatura.
-¿Hay algo más en tu historia?
-Si, bueno este asesino luego de leer Paulo Coelho se da cuenta lo equivocado que está y decide ir en busca de un viaje de peregrinación.
-Definitivamente concuerdo con lo que los críticos dicen de ti.
-¿Qué? ¡Si es una historia profundísima!
-Mira, Escritor Narrador, no me molesta que tu historia sea fresa, por último es tu estilo.
-¡Ese nunca fue mi estilo!
-Empezaste escribiendo acerca de tus historias amorosas, luego te apropiaste de asesinos y vidas ajenas a las tuyas.
-Oscuro pasado
-Cínico, eso es lo que te gustaría seguir escribiendo.
-Di lo que quieras, pero sé que no es así.

Escritor Narrador se quedó pensando, quizás era cierto lo que Personaje había dicho sobre su vida literaria. Escritor en ese instante se enfureció por la impotencia y decidió enfrentarse a su realidad, se vengaría a través de Personaje.

-¡Eres un embaucador! ¡Todavía no eres un personaje!
-Ya lo soy.
-¡No tienes vida aún!
-La tengo desde el instante en que me pensaste y en el que el narrador de esta historia me ha incluido.
-¡Mentira! ¡Mentira!
-Bien sabes Escritor que todo lo que te digo es cierto.
-Tú eres un nadie en medio de una nada.
-¿Quién te dijo que la ficción es falsa?
-¡Es de conocimiento general!
-Estás muy mal, deberías descansar.
-La ficción siempre ha sido una mentira. Tú eres una mentira porque vives en un mundo de ficción, una mentira que nosotros los escritores pretendemos que sea realidad.
-Pero lo es. Sigue siendo realidad por el simple hecho de que hay acontecimientos, vidas vividas dentro de ella.

Escritor estaba lleno de rabia, Personaje sólo era una voz que estaba en su cabeza. Una voz que actuaba como un juez, propinandole sermones sobre lo que él no sabía hacer: escribir. 

-¡TÚ Y LA FICCIÓN SON UNA PUTA MENTIRA!
-No, no lo somos, somos de verdad  mientras tú y los lectores hayan creído en nosotros, existimos. Escritor, el narrador de esa historia es el dios que te gobierna a ti ahora.
-No te quiero escuchar más ¡Lárgate!
-Deja de pensar en mí.

Escritor Narrador en su afán de que la voz interna en su cabeza callara, entró en estado de histeria. Se aisló en una esquina del pequeño dormitorio y esperó a que surtiera efecto, pero no fue así. Escritor Narrador desde ese día experimenta cambios de personalidad cuando se enfrenta al oficio literario...

Pd: Esta historia parece no tener final. No me gustan los finales felices, a un Escritor Narrador como Escritor Narrador hay que hacerlo pagar por testarudo. Si me animo a escribir un final les adelanto que lo más probable es que termine loco porque es el único que dice hablar con su conciencia literaria. Yo también lo hice para poder escribir esta historia y no estoy loca, sólo tengo amigos invisibles. 

miércoles, 13 de julio de 2011

Cinco asesinos en cinco cortos cuentos

La imaginación también mata 
Apenas lo vio pensó que era ideal. Estaba en una cafetería cuando llegó a sus ojos la aparición de un ente casi celestial. Alto, ni gordo ni flaco; barba, nariz perfecta, cabello castaño y ojos verdes. Era perfecto. La rareza del angelical ser la arrulló y cayó dormida sobre la mesa. En su sueño se veía con él: abrazos, besos cariñosos, caricias candentes; era tan delicioso como cuando lo vio por primera vez. Seguía soñando, se vio ya con él pero en una casa. Su vida era la del típico matrimonio; peleas y discusiones. Un día apareció él, amor de su vida, con una pistola y con la cara llena de lágrimas, mientras decía entre palabras inaudibles que la amaba y por eso le haría lo que iba a hacer, pero antes de apretar el gatillo; ella despertó. Despertó y se dio cuenta que no llevaba su ropa, era un raro uniforme de una sola pieza de color naranja; y que las paredes de la cafetería eran barrotes. Más tarde descubrió que estaba acusada de homicidio premeditado en segundo grado. Sentencia: 2 cadenas perpetuas.

El cadáver

Cuando el asesino despertó, el cadáver seguía allí.
  
Cuestión de supervivencia  

Una mañana mi vecina me llamó para que vaya a su casa a pasar la tarde. Nunca habíamos sido amigas, por eso, me asombré y para no ser maleducada, fui. Al llegar me recibió aparentemente cariñosa. Me pidió que me sentara que iba a traer el té. Estaba impaciente porque era sumamente raro que mi vecina me invitara a tomar el té si jamás habíamos cruzado alguna palabra. Bajé la mirada para ver el color de su alfombra y mis pies helados por los nervios. De repente, sentí un metal frío en mi frente. Ella, con la cara llena de odio me dijo que era repugnante, una puta, una dañahogares. No me quería morir y por eso empecé a forcejear para quitarle el arma. Un disparo al vacío se escuchó, ella con la cara aun llena de odio y la mirada fija hacía mí se quedó tendida en el suelo. ¿Yo? corrí lo más lejos que pude, alcancé el primer bus y ahora vivo de vecindario en vecindario buscando maridos jóvenes y esposas celosas que se dejen matar. La sangre es mi negocio.

Amor, comprensión y ternura 

Al entrar a su dormitorio lo primero que encontré fue sangre. Titulares como: Su mujer le cortó el miembro y se lo dio de comer al perro, El secuestrador le cortó una mano, Le abrieron la tapa de los sesos, y pare de contar. El tipo estaba obsesionado con la sangre, definitivamente. Estaba dormido y sus ronquidos eran estridentes y desentonados. No quise asustarlo ni ser el típico asesino marginal que primero putea a su víctima y luego espera su llanto de súplica, pero aun así lo mata. No. Se merecía una muerte digna, por eso lo hice mientras dormía. Tomé el cuchillo rápidamente y le di catorce puñaladas. Esa noticia sería como pan caliente a la mañana siguiente. Salí de su casa tranquilo, pensando en que José había sido la primera persona en no entender en que lo único que necesito es amor, comprensión y ternura.

Miércoles 13
 Los miércoles 13 salgo. El 13 es un número especial, da miedo a la gente supersticiosa, yo lo amo porque fue el día en que me estrené como asesino. Fue así, tan de repente, que jamás pensé que sería tan fácil. Tomé un hacha a lo Patrick Bateman de American Pshyco y decidí ir a la casa de mi novia, sólo le jugaría una broma. Les prometo, no sabía nada del engaño. Cuando llegué, la encontré con su mejor amiga. No pintándose las uñas, ni leyendo revistas; estaban besuquéandose en su cama. Me quedé sorprendido, pero no recuerdo que hice, sólo tengo en mi mente dos cadáveres femeninos desnudos y yo, sin una mancha de sangre, pero bastante sudado y mareado. No mato cualquier día como les dije al inicio. Un impulso fuera de lo normal me induce a hacerlo los miércoles 13, eso no ocurre siempre, por eso dicen que soy un asesino exquisito, que tiene agenda y hora para asestar el primer golpe.

miércoles, 6 de julio de 2011

Soy un pentágono

Crisis.- Este clima es una mierda. Mi salud se jode hoy por culpa del frío. Podrá parecer repetitivo, pero a esta hora de la mañana, ya seis y cinco, me siento pésimo. El pecho se me ha empezado a cerrar y no puedo respirar muy bien. Mi madre me ha prohibido ir a la clase de las ocho y media, su argumento: el aire acondicionado del aula me puede afectar. Esto de estar enfermo cuando menos te lo esperas me hace sentir impredecible, cambiante, versátil. No por nada malo, sino porque sé que mis golpes son tan repentinos como la crisis asmática que me atosiga tan temprano. Es como si no pudiera desprenderme de ella, no solo por ser una afección física, sino porque es parte de lo que soy. Ahí nuevamente empiezan a aparecer otras ideas locas, por ejemplo, en lo patética que me vería con un letrero que diga “asmática” como un rótulo que ventile mi condición. Ok, quizás, después de leer eso, todos crean que me burlo de mí y de los enfermos crónicos como yo, en realidad no, sé lo que se siente estar con problemas que esperan a reventar en cualquier momento como volcán extinto. Pero, no me gustaría que me aceptaran por eso, o tal vez, podría ser que sepan de lo que padezco, de una vez enterados sabrán que medicamento deben suministrarme cuando el color canela de mi piel se empiece a tornar morado. Se me ha venido otra idea loca: ser asmática y estar enferma ahora mismo me vuelve un poco “única e irrepetible” porque la mayoría (¡oh comunes mortales!) debe padecer de una gripe cualquiera, de un estornudo cualquiera; pero jamás de alergia y asma unidas; es un combo bastante convenenciero y genial, mientras una me despedaza la nariz, la otra no me permite respirar. Cuando me pasa la crisis suelo verme en el espejo: mi nariz está tan cuarteada, tengo voz de tarro y mi cara es la del típico semblante de haber estado metida en un iglú. Es divertido. Todavía creo ser muy sensible: si lloro me da asma, si me rio en exceso me da asma; soy como una Barbie a la que no se le puede estirar mucho la pierna porque si no se sale de su lugar. ¡No! No quiero lucir como una Barbie, sólo quiero verme como una asmática más con problemas de respiración a la que dosifican Meticorten de 20 miligramos y puede dormir hasta el día siguiente.

Impaciencia.- Estoy en medio de un aula de clases. Sentada en el segundo pupitre de la última columna de bancas. Escucho muchos gritos alrededor mío: “no, no entiendo…”, “¿por qué vamos a gastar en la impresión de un afiche? “Sí, es demasiado caro, no podemos invertir tanto”.  Llevo ambas manos a mi cara y cierro los ojos. Los gritos hacen eco en mi cabeza, por más que estoy cubierta sigo escuchando quejas, peleas, chistes estúpidos, etc. mi paciencia se va yendo. Vuela como un papel abandonado. Tengo ganas de tantas cosas: de gritarles el abecedario de los insultos, decirles que parecen niños de escuela al hacer tanto escándalo o bien sacar una metralleta y matar a todos. No, me inclino por una navaja para cortarles la lengua. Estoy convulsionando del coraje; en mi cabeza tengo la imagen de las personas de mi ciclo muriendo. ¿Por qué hacen preguntas tan estúpidas? ¿Por qué no entienden lo que es una sinopsis? ¿No saben lo que es un presupuesto? ¿Acaso no ponen atención? ¿Por qué? ¿Para qué estoy allí? ¡Cállense, no los soporto! Si estuviera delante de todos ellos lo más probable es que haya cogido mis cosas y me haya largado. Les podría explicar una vez, pero mil veces, no. Negadísimo. Mi profesor al fin los calla, yo regreso a mi estado inicial: de estrés constante pero con más tranquilidad.

Risa.- 1) acción de estirar la boca, hasta que llegue a la punta de cada oreja, abrirla y comenzar a producir sonoros ruidos ante alguna situación graciosa, estúpida o de cualquier índole, puede llegar con escupitajos incluidos, pero eso depende de cuan baboso sea usted; 2) salida única para darle a los obstáculos una patada en el culo; 3) lo que sé hacer bien. Me rio cuando no tengo nada que decir, justo en el momento exacto que me han preguntado cómo estoy y yo no sé si contar mi drama diario, por eso me rio. También lo hago cuando quiero llorar, me siento en algún sitio que esté alejado de todo, de todos y comienzo a reírme para no acordarme de mi verdadera intención de estar ahí: llorar.  Cuando me rio siento que no hay nada más que escuchar, sólo mi risa. Ella y yo nos llevamos tan bien, aunque ella sea muy fea es lo único que me da indicios de que sigo viva o por lo menos que me da la certeza de estarlo. Ahora me rio de un chiste viejo que acaba de pasar por mi mente. Aunque suene ridículo, siempre trato de pensar en cosas chistosas. Mi madre me repite: hija, si te la pasas riendo lo más probable es que la gente crea que eres una idiota. A mí me importa un carajo lo que la gente crea o afirme de mí. La idiota soy yo, no ellos, que no jodan. Como iba diciendo, trato de pensar en algo chistoso porque entre tanta mierda que se ve hoy en día, prefiero reírme por interno de mis malos chistes y poca imaginación. Mi risa también puede ser muy maliciosa. Me rio de todos cuando no se dan cuenta, no por maldad, sino para recordarles indirectamente lo humanos que se ven y son cuando se  creen superhéroes o súper especiales con personalidades y vidas que no les pertenecen.

Sarcasmo.- ¡Qué divertido es ponerme a pensar en cinco palabras para un diccionario y que sean parte de mi vida! (sarcasmo 1). En realidad, no es un sarcasmo, es un verdadero motivo para pensar. Pero, estoy sentada delante de una pantalla, donde hay un lienzo en blanco llamado Documento en Word, que está siendo escrito por mí sobre mí. Es complicado. No sé qué tiene que ver con el sarcasmo. Mentira. Tiene que ver mucho, porque al hacer este inventario/diccionario de las posibles palabras que asocie con mi vida sería una especie de sarcasmo de mí misma. Lo sé, no estoy relatando nada. Pero, yo creo que sí porque les estoy contando mis sensaciones al escribir esto. Me confundo, y siempre quiero dejarlo a un lado, sin embargo no lo hago, aparte de ser una consigna académica es parte de mí y necesito verlo terminado. ¿Para qué? Para ver cómo me veo. ¡Juego de contemplación! Cuando leo cada línea de esta siento que estoy siendo muy sarcástica. Ustedes deben estar acostumbrados a mí. Es muy chistoso porque creo que soy sarcástica todo el tiempo, hasta muchas veces pienso sarcásticamente. Mientras hablan, ríen, lloran, critican, etc. yo estoy contestándoles con un sarcasmo. Es como el efecto de mi risa, pero distinto. ¡Me apena mucho ser sarcástica! (sarcasmo final)

Terror.- Asusto y no por mi apariencia. Quisiera tener una máquina de escribir vieja, grande y oxidada. Vivir en un tugurio, sentarme diariamente en un escritorio viejo, y que en él esté la máquina. Poner un papel amarillento y ahí dibujar con letras muchos monstruos, asesinos en serie, psicópatas y aparecidos. Desde que tengo uso de razón me encanta asustar, no sé si es una buena o mala condición mental, pero la disfruto y si es de estar loca, lo acepto con dignidad. Creo que invocar y evocar al terror es la única forma de no tener miedo. Pero lo tengo: no me gusta la oscuridad, duermo con la puerta cerrada y con la luz prendida. Paradojas, paradojas por todos lados. A los que nos gusta asustar, no nos gusta ser asustados. Es muy indigno, pero lógico. Yo te asusto a cambio de tus gritos, si tú me asustas, te golpeo. Mi cobardía siempre se pone a prueba con lo que escribo, si me asusta es un éxito, sino, lo rompo y vuelvo a matar gente en otro contexto, otro asesino, otro método.