martes, 23 de agosto de 2011

Cláusula sexta

CONTRATO

En la ciudad de Tangamandapio, el día 23 de agosto del 2011, comparece por una parte la AET (Asociación de Escritores de Terror) representada por  el Sr. EDGAR  STOKER KING con CC.  092883666-9 y por otra parte el Sr. MONSTRUO DEL ARMARIO con CC. 181516122-5 por sus propias derechos, quienes acuerdan celebrar el siguiente contrato de trabajo, de conformidad con las estipulaciones que libre y voluntaria se indican a continuación:

PRIMERA: El señor EDGAR STOKER KING podrá hacer del señor MONSTRUO  DEL ARMARIO el más terrorífico y espantoso ser sobre natural del mundo o bien si es que algún día se dedica a la literatura infantil, convertirlo en un peluche gigante, de colores, con gran sonrisa y de un solo ojo. 

SEGUNDA: El señor MONSTRUO DEL ARMARIO  se obliga a ejecutar su trabajo con el horario establecido por el escritor  y aun en historias suplementarias o extraordinarias, únicamente se le pide que no salga al mundo real, quedamos aun bastantes cardíacos. 

TERCERA.- Por la prestación de servicios la AET pagará al Sr. MONSTRUO DEL ARMARIO  la remuneración  de 100 personas vivas como parte de su dieta diaria dentro de su realidad ficcional. De esta suma se harán los descuentos que correspondan a la inserción de otros monstruos del armario en la historia y que necesiten alimentarse. El señor MONSTRUO DEL ARMARIO se compromete a fomentar el valor de la solidaridad. El escritor variará sus historias con otros personajes y se preocupará por las vacaciones, utilidades y otros beneficios sociales que se llegare a acordar, en las condiciones y con las limitaciones establecidas legalmente. Estará asegurado. Este cubrirá el daño en sus garras, colmillos y atención oftalmológica en el caso de que algún personaje justiciero entierre una estaca en él. 

CUARTA.- El tiempo de duración del presente contrato a prueba es de infinidad de historias conforme a lo que el escritor decida producir con lo expuesto el Art. 65 del Código del Escritor.  Al acabarse la imaginación del escritor y la popularidad del personaje haya caído, ambos pueden dar  por terminado la vida literaria o del personaje conforme con las disposiciones contenidas en los Art. 95  y 96 del Código de Trabajo del Escritor y del Monstruo vigente.

QUINTA.- El señor MONSTRUO DEL ARMARIO no podrá poner objeción alguna en cuanto a la historia, contexto, personajes secundarios y final, ya que una de las premisas de la AET es que todos deben convivir de manera pacífica, en un ambiente de comprensión, no fomenta a la segregación de psicópatas/asesinos/sociópatas y otros roles devastadores que andan circulando en el mundo literario y trata siempre de integrarlos a la ficción uniformemente muy aparte de sus discapacidades. 

SEXTA.- El señor EDGAR  STOKER KING se compromete a salvaguardar la integridad del señor MONSTRUO DEL ARMARIO , este no podrá ser devorado por algún niño; mordido/seducido por una monstrua a la oscuridad de la noche ni mucho menos podrá ser quemado ni torturado por algún experto en monstruos que entre en la historia. El señor MONSTRUO DEL ARMARIO ocupará el rol de asustar hasta el final de su uso literario, y asesinar cruentamente a cualquier ser humano estúpido que se atreva a retarlo. 

SÉPTIMA.- Conforme a lo acordado a lo largo de este contrato, el señor MONSTRUO DEL ARMARIO ahora es deje y maneje del señor EDGAR STOKER KING. Ambos han estipulado que el señor MONSTRUO DEL ARMARIO no será obligado a participar en alguna saga de magos ni de vampiros que brillan a la luz del sol, a pesar de que el señor EDGAR STOKER KING quede en la absoluta ruina social. El señor MONSTRUO DEL ARMARIO seguirá siendo el personaje clásico de terror aquí y en China. 

Por constancia y en fe de aceptación, firman las partes por duplicado de igual tenor y valor en Tangamandapio  23 de agosto del 2011.


____________________________________                  
Sr. EDGAR STOKER KING                                    
Escritor                                                                       
      ASOCIACIÓN DE ESCRITORES DE TERROR 

____________________________________                 
      Sr. MONSTRUO DEL ARMARIO                                   

C.C. 181516122-5




jueves, 28 de julio de 2011

Celeste muerte


Eran casi las once cuando me desperté. Desde hace cinco años mis despertares eran placenteros porque lo primero que veía era a Ignacio. Aquella mañana sería distinta, él se había ido. Revisé la sala para ver si no estaba dormido el sofá; fui a la cocina por si acaso estaba preparando el desayuno. No estaba. Supuse que había madrugado al trabajo hasta que encontré en el estudio que se había llevado todas sus cosas. Corrí al dormitorio y era cierto, su ropa no estaba y sólo quedaban esos zapatos color caqui que tanto odio. No recordaba nada de la noche anterior. Probablemente discutimos, pero la resaca no me dejaba pensar.
Ninguna nota, ninguna despedida, ninguna nada. De un tiempo acá comencé a sentir que Ignacio aparte de aburrirse de mí había comenzado a odiarme. Yo lo seguía amando desde el primer día en que vi sus ojos celeste mar. ¡Qué hermosos ojos! De todos mis amantes lo que más me ha enamorado son sus ojos. Los ojos de Ignacio me estaban siendo ingratos, siempre me traicionaban, lo sabía. Eran culpables cuando nunca me miraban y solo se dedicaban a esquivarme. Uno de los tantos juramentos que Ignacio me hizo fue que sus ojos siempre me pertenecerían. Y así los sentía, tan míos que en las noches de frio trataba de cubrirle el rostro para que mis pequeños favoritos no se resecaran. 

Cuando Ignacio comenzó a portarse áspero conmigo, ya no me dejaba abrazarle el rostro; no me miraba. El fuego azul se estaba extinguiendo y yo junto a él. Desde hace un mes Ignacio había empezado a salir con una mujer, Sandra, su jefa. 

-David, quiero que entiendas que esto fue un error.
-Ignacio, pero tú me amabas hasta hace poco, por favor no te vayas.
-Sí, siempre te he querido, pero siento que un hombre no es lo que estoy buscando.
-Entonces ¿qué carajos buscas?
-Una mujer que me ame, que se quede conmigo, no como tú, tan egoísta y tan macho. 

Esa era la típica charla diaria. Nos estábamos odiando más de lo que alguna vez nos quisimos.  Sabía dónde vivía Sandra y por eso decidí ir a buscarlo para ver si solucionábamos las cosas.
Al llegar a la casa de Sandra alcancé a verla vistiéndose en su cuarto. Estaba demasiado feliz para ser una roba hombres. Imaginé que Ignacio estaba en la sala o algún lugar cercano a la puerta y corrí a tocar el timbre. Así fue. Era él quien me atendió, aunque de mala manera, pero lo hizo. Volví a ver sus ojos celeste mar.

-¿Qué haces aquí David?
-Vine por ti y por mis ojos.
-¿De qué me hablas?
-Tú ya sabes a lo que me refiero.
-Espera... no entiendo.

Esa fue la única frase que me dijo Ignacio antes de que yo le arrancara los ojos. Nunca me imaginé que sería eso, yo ansiaba que me dijera que me amaba o que me detenga. Pero no, no quiso hacerlo. Además no estaba ahí por él, sino por quienes realmente me pertenecían. Ese día llegué corriendo a casa para darle los cuidados necesarios a mis engreídos. Los guardé con gran cariño en un frasco de alcohol y están a lado de los ojos de Fabricio, esos eran de color violeta, también son mis favoritos, pero no más que los de Ignacio.
 
-¿Eso es todo lo que tiene que decir David Hernández?
-Sí señor oficial. No estoy arrepentido, en realidad me complazco tanto de tener los ojos de mis amantes en una estantería. Es una colección privada.
-Listo. Es usted un buen psicópata.
-Siempre dichoso de colaborar con la autoridad. 


miércoles, 20 de julio de 2011

La mujer

 A Monterroso y su dinosaurio
  
Cuando despertaba él siempre seguía allí. La verdad no entiendo cómo hacía para aparecer cada mañana en el mismo lugar. Nunca supe la hora y día de su llegada,  no conocíamos lo que era la comunicación. Por salir siempre apurada a mi trabajo no me tomaba la molestia de despertarlo y así preguntarle por qué estaba allí. No sé cuántos años llevé viéndolo del lado izquierdo de mi cama, tan estático y pegajoso. Ayer no pude dormir y sentí el momento justo cuando entró. Arrastraba su enorme cola, sus pisadas eran descomunales y con el peso de ellas resquebrajaba el piso. Se sentó en la cama y sacó del cajón del velador un libro. De repente cayó dormido y aproveché para revisarlo. Encontré una carta de despido, una tarjeta de un bar gay y finalmente una nota que decía: llámame guapo 091751104. Hoy por la mañana le he pedido que se vaya, que no sé porque he aguantado tanto tiempo a su lado. Desde hoy voy a dormir sola, justo en el lado izquierdo donde él dormía porque así me evito el hábito de creer que él sigue allí al despertarme.

Diálogo

Él siempre soñó con ser un personaje normal. Nunca pretendió ser objeto de análisis profundo por parte de los críticos literarios. En su vacío ficcional, ansiaba pasar desapercibido. Pero, desde el día en que su creador tenía una idea en camino, su destino iba a cambiar. No sería un personaje normal.

-¡Eureka!, se llamará Aníbal, dijo el escritor.

El personaje escuchó lo que su creador había dicho e inmediatamente decidió protestar por no haber sido tomado en cuenta para la elección de su nombre.

-¿Perdón?, creo que te equivocas, tú no puedes decidir por mí.
-¿Quién te engañó de esa forma, Aníbal?
-Primero que nada, no me gusta el nombre Aníbal.
-Eso lo decido yo, no tú.
-¡Por supuesto que sí!, yo estoy aquí para ser quien yo quiero ser no para ser quien tú pretendes que sea.
-Creo que no estás entendiendo nada, yo te pongo el nombre que quiero.
-No lo permitiré.

Escritor Narrador se enojó, era la primera vez que le tocaba un personaje terco. Aníbal o simplemente Personaje no quería acceder a llamarse como Escritor lo había dispuesto. Este pequeño hombrezuelo quería arremeter contra los cánones literarios manifestándose negativamente hacia su creador. Escritor Narrador tenía una excelente idea para su nuevo relato. Al fin se había dispuesto a armar un personaje completamente redondo: la misma cantidad de defectos que virtudes, amaría pero también mataría; en fin, Aníbal llenaba los requisitos para “personaje redondo”. Después de esa discusión Escritor prefirió agarrar a Personaje por el lado flaco para poder llegar a un acuerdo.

-Mira, yo creo que eres perfecto para lo que busco.
-¿Qué es lo que buscas?
-¿De tí?
-¿Qué te diré? Obviamente que de mí.
-De ti, que accedas a ser quien yo creo que es conveniente que seas y de aquello, triunfar por primera vez en mi vida.
-Creo que estoy entendiendo.
-No, parece que no.
-¡Claro que sí! Has sido un escritor mediocre, criticado por medio mundo literario y ahora buscas el éxito.
-Algo así pero…
-Pero nada, ¿acaso te dicen que tus historias son trilladas? ¿Quizás llenas de adjetivos? ¿Nadie entiende el origen de las reacciones de tus personajes?
-Sí,  a mí no me gusta darle las cosas fáciles al lector.
-¿Tú crees eso? ¿Te frustra?
-Obvio, es fatal, pero ¿sabes algo? poco me importa, yo me siento contento con lo que escribo.
-Algunos amigos que trabajaron para tí como personajes dicen que eres un fraude.
-¿Eso dicen?
-Sí
-¿Ya no quieres oír mi historia entonces?
-Adelante, cuéntala. 

Escritor Narrador le explicó a Aníbal que lo que buscaba de él era un simple desequilibrio mental producido por la fobia a las mariposas y por el abandono de su madre, por ende un caso grave de misoginia. Las mariposas, según el personaje, son igual a las mujeres; por eso mata a mujeres despiadadamente y deja una mariposa en el cadáver antes de irse. Personaje se quedó mudo y no supo cómo reaccionar ante la barbaridad propuesta por Escritor Narrador. No aceptaría, él buscaba otra cosa, algo como ser feliz con alguna mujer en un lugar muy lejano. Otra vez la discusión empezó.

-¡Oye! pero yo no quiero eso, no me gusta.
-La idea no es que te guste a tí, sino a los críticos.
- Me das pena, tú vives de esos caníbales, yo vivo de tu pluma y de tí.
- Mejor dicho, vives gracias a mí.
-En eso sí no estoy de acuerdo contigo. 
-Como sea, el hecho es que yo te necesito a ti para que me respeten.
-Ok, te puedo ayudar, pero cámbiame esa historia.
-No, negadísimo, tú harás lo que yo creo conveniente.
-Aunque me pongas en una novela de cuatro tomos, aceptaría.
- ¿En una de cinco?
-¿Te drogas? No, no voy a aceptar.
- No sé porque te haces de rogar, te estoy dando la oportunidad de tu vida.
-Según tú, ¿cuál?
-Dejarás de ser un personaje mediocre, sin vida, tan “blanco y negro”.
-Yo ¿mediocre?
-Pero por supuesto, me imagino que ansias estar en una historia que le cuenta todo al lector desde que lee el título...
- Ser personaje es mucho más complicado que ser escritor.
-No, eso es completamente falso.
-Claro que no, tú has destinado a la mayoría de mis amigos a ser parte de los “personajes del montón”.
-¡NO!, estás equivocado yo escribo sobre asesinos de una forma original y fresca.
-¿Ah sí? Si eso fuera cierto, lo más probable es que ya tenías que haberte ganado el Pulitzer.
-Eso es para periodistas
-Entonces el Nobel. Tus historias son más superficiales que una adolescente de trece años.
-¡Los críticos me dijeron que si le agrego algo más a mis historias quedarían perfectas!
-Iluso, cree lo que quieras, pero yo no quiero ser protagonista de un cuento tan trillado.

Personaje no se dejaba convencer por Escritor Narrador. Cinco minutos después volvieron a encontrarse, con una nueva historia y con un posible final para Personaje.

-¡Escucha! ¡Te tengo lista una nueva historia!
-¿Tan rápido?
-¡Para que veas!, el oficio de la escritura es innato en mí.
-Ajám
-Bueno, bueno, escucha
-Cuéntamela
-Vas a ser un asesino intelectual; leerás a Maquiavelo y a él le atribuirás tu forma de actuar con la sociedad, por eso eres un asesino. Si quieres una sociedad mejor, mata a quienes la dañan. ¿Ves? ¡EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS! ¿Se aplica no?
-Mmm…
-¿Mmm? ¿Sólo eso vas a decir?
-Es que me sorprende tu capacidad de superficialidad.
-No te permito que me digas eso, yo sé mucho de filosofía y de literatura.
-¿Hay algo más en tu historia?
-Si, bueno este asesino luego de leer Paulo Coelho se da cuenta lo equivocado que está y decide ir en busca de un viaje de peregrinación.
-Definitivamente concuerdo con lo que los críticos dicen de ti.
-¿Qué? ¡Si es una historia profundísima!
-Mira, Escritor Narrador, no me molesta que tu historia sea fresa, por último es tu estilo.
-¡Ese nunca fue mi estilo!
-Empezaste escribiendo acerca de tus historias amorosas, luego te apropiaste de asesinos y vidas ajenas a las tuyas.
-Oscuro pasado
-Cínico, eso es lo que te gustaría seguir escribiendo.
-Di lo que quieras, pero sé que no es así.

Escritor Narrador se quedó pensando, quizás era cierto lo que Personaje había dicho sobre su vida literaria. Escritor en ese instante se enfureció por la impotencia y decidió enfrentarse a su realidad, se vengaría a través de Personaje.

-¡Eres un embaucador! ¡Todavía no eres un personaje!
-Ya lo soy.
-¡No tienes vida aún!
-La tengo desde el instante en que me pensaste y en el que el narrador de esta historia me ha incluido.
-¡Mentira! ¡Mentira!
-Bien sabes Escritor que todo lo que te digo es cierto.
-Tú eres un nadie en medio de una nada.
-¿Quién te dijo que la ficción es falsa?
-¡Es de conocimiento general!
-Estás muy mal, deberías descansar.
-La ficción siempre ha sido una mentira. Tú eres una mentira porque vives en un mundo de ficción, una mentira que nosotros los escritores pretendemos que sea realidad.
-Pero lo es. Sigue siendo realidad por el simple hecho de que hay acontecimientos, vidas vividas dentro de ella.

Escritor estaba lleno de rabia, Personaje sólo era una voz que estaba en su cabeza. Una voz que actuaba como un juez, propinandole sermones sobre lo que él no sabía hacer: escribir. 

-¡TÚ Y LA FICCIÓN SON UNA PUTA MENTIRA!
-No, no lo somos, somos de verdad  mientras tú y los lectores hayan creído en nosotros, existimos. Escritor, el narrador de esa historia es el dios que te gobierna a ti ahora.
-No te quiero escuchar más ¡Lárgate!
-Deja de pensar en mí.

Escritor Narrador en su afán de que la voz interna en su cabeza callara, entró en estado de histeria. Se aisló en una esquina del pequeño dormitorio y esperó a que surtiera efecto, pero no fue así. Escritor Narrador desde ese día experimenta cambios de personalidad cuando se enfrenta al oficio literario...

Pd: Esta historia parece no tener final. No me gustan los finales felices, a un Escritor Narrador como Escritor Narrador hay que hacerlo pagar por testarudo. Si me animo a escribir un final les adelanto que lo más probable es que termine loco porque es el único que dice hablar con su conciencia literaria. Yo también lo hice para poder escribir esta historia y no estoy loca, sólo tengo amigos invisibles. 

miércoles, 13 de julio de 2011

Cinco asesinos en cinco cortos cuentos

La imaginación también mata 
Apenas lo vio pensó que era ideal. Estaba en una cafetería cuando llegó a sus ojos la aparición de un ente casi celestial. Alto, ni gordo ni flaco; barba, nariz perfecta, cabello castaño y ojos verdes. Era perfecto. La rareza del angelical ser la arrulló y cayó dormida sobre la mesa. En su sueño se veía con él: abrazos, besos cariñosos, caricias candentes; era tan delicioso como cuando lo vio por primera vez. Seguía soñando, se vio ya con él pero en una casa. Su vida era la del típico matrimonio; peleas y discusiones. Un día apareció él, amor de su vida, con una pistola y con la cara llena de lágrimas, mientras decía entre palabras inaudibles que la amaba y por eso le haría lo que iba a hacer, pero antes de apretar el gatillo; ella despertó. Despertó y se dio cuenta que no llevaba su ropa, era un raro uniforme de una sola pieza de color naranja; y que las paredes de la cafetería eran barrotes. Más tarde descubrió que estaba acusada de homicidio premeditado en segundo grado. Sentencia: 2 cadenas perpetuas.

El cadáver

Cuando el asesino despertó, el cadáver seguía allí.
  
Cuestión de supervivencia  

Una mañana mi vecina me llamó para que vaya a su casa a pasar la tarde. Nunca habíamos sido amigas, por eso, me asombré y para no ser maleducada, fui. Al llegar me recibió aparentemente cariñosa. Me pidió que me sentara que iba a traer el té. Estaba impaciente porque era sumamente raro que mi vecina me invitara a tomar el té si jamás habíamos cruzado alguna palabra. Bajé la mirada para ver el color de su alfombra y mis pies helados por los nervios. De repente, sentí un metal frío en mi frente. Ella, con la cara llena de odio me dijo que era repugnante, una puta, una dañahogares. No me quería morir y por eso empecé a forcejear para quitarle el arma. Un disparo al vacío se escuchó, ella con la cara aun llena de odio y la mirada fija hacía mí se quedó tendida en el suelo. ¿Yo? corrí lo más lejos que pude, alcancé el primer bus y ahora vivo de vecindario en vecindario buscando maridos jóvenes y esposas celosas que se dejen matar. La sangre es mi negocio.

Amor, comprensión y ternura 

Al entrar a su dormitorio lo primero que encontré fue sangre. Titulares como: Su mujer le cortó el miembro y se lo dio de comer al perro, El secuestrador le cortó una mano, Le abrieron la tapa de los sesos, y pare de contar. El tipo estaba obsesionado con la sangre, definitivamente. Estaba dormido y sus ronquidos eran estridentes y desentonados. No quise asustarlo ni ser el típico asesino marginal que primero putea a su víctima y luego espera su llanto de súplica, pero aun así lo mata. No. Se merecía una muerte digna, por eso lo hice mientras dormía. Tomé el cuchillo rápidamente y le di catorce puñaladas. Esa noticia sería como pan caliente a la mañana siguiente. Salí de su casa tranquilo, pensando en que José había sido la primera persona en no entender en que lo único que necesito es amor, comprensión y ternura.

Miércoles 13
 Los miércoles 13 salgo. El 13 es un número especial, da miedo a la gente supersticiosa, yo lo amo porque fue el día en que me estrené como asesino. Fue así, tan de repente, que jamás pensé que sería tan fácil. Tomé un hacha a lo Patrick Bateman de American Pshyco y decidí ir a la casa de mi novia, sólo le jugaría una broma. Les prometo, no sabía nada del engaño. Cuando llegué, la encontré con su mejor amiga. No pintándose las uñas, ni leyendo revistas; estaban besuquéandose en su cama. Me quedé sorprendido, pero no recuerdo que hice, sólo tengo en mi mente dos cadáveres femeninos desnudos y yo, sin una mancha de sangre, pero bastante sudado y mareado. No mato cualquier día como les dije al inicio. Un impulso fuera de lo normal me induce a hacerlo los miércoles 13, eso no ocurre siempre, por eso dicen que soy un asesino exquisito, que tiene agenda y hora para asestar el primer golpe.

miércoles, 6 de julio de 2011

Soy un pentágono

Crisis.- Este clima es una mierda. Mi salud se jode hoy por culpa del frío. Podrá parecer repetitivo, pero a esta hora de la mañana, ya seis y cinco, me siento pésimo. El pecho se me ha empezado a cerrar y no puedo respirar muy bien. Mi madre me ha prohibido ir a la clase de las ocho y media, su argumento: el aire acondicionado del aula me puede afectar. Esto de estar enfermo cuando menos te lo esperas me hace sentir impredecible, cambiante, versátil. No por nada malo, sino porque sé que mis golpes son tan repentinos como la crisis asmática que me atosiga tan temprano. Es como si no pudiera desprenderme de ella, no solo por ser una afección física, sino porque es parte de lo que soy. Ahí nuevamente empiezan a aparecer otras ideas locas, por ejemplo, en lo patética que me vería con un letrero que diga “asmática” como un rótulo que ventile mi condición. Ok, quizás, después de leer eso, todos crean que me burlo de mí y de los enfermos crónicos como yo, en realidad no, sé lo que se siente estar con problemas que esperan a reventar en cualquier momento como volcán extinto. Pero, no me gustaría que me aceptaran por eso, o tal vez, podría ser que sepan de lo que padezco, de una vez enterados sabrán que medicamento deben suministrarme cuando el color canela de mi piel se empiece a tornar morado. Se me ha venido otra idea loca: ser asmática y estar enferma ahora mismo me vuelve un poco “única e irrepetible” porque la mayoría (¡oh comunes mortales!) debe padecer de una gripe cualquiera, de un estornudo cualquiera; pero jamás de alergia y asma unidas; es un combo bastante convenenciero y genial, mientras una me despedaza la nariz, la otra no me permite respirar. Cuando me pasa la crisis suelo verme en el espejo: mi nariz está tan cuarteada, tengo voz de tarro y mi cara es la del típico semblante de haber estado metida en un iglú. Es divertido. Todavía creo ser muy sensible: si lloro me da asma, si me rio en exceso me da asma; soy como una Barbie a la que no se le puede estirar mucho la pierna porque si no se sale de su lugar. ¡No! No quiero lucir como una Barbie, sólo quiero verme como una asmática más con problemas de respiración a la que dosifican Meticorten de 20 miligramos y puede dormir hasta el día siguiente.

Impaciencia.- Estoy en medio de un aula de clases. Sentada en el segundo pupitre de la última columna de bancas. Escucho muchos gritos alrededor mío: “no, no entiendo…”, “¿por qué vamos a gastar en la impresión de un afiche? “Sí, es demasiado caro, no podemos invertir tanto”.  Llevo ambas manos a mi cara y cierro los ojos. Los gritos hacen eco en mi cabeza, por más que estoy cubierta sigo escuchando quejas, peleas, chistes estúpidos, etc. mi paciencia se va yendo. Vuela como un papel abandonado. Tengo ganas de tantas cosas: de gritarles el abecedario de los insultos, decirles que parecen niños de escuela al hacer tanto escándalo o bien sacar una metralleta y matar a todos. No, me inclino por una navaja para cortarles la lengua. Estoy convulsionando del coraje; en mi cabeza tengo la imagen de las personas de mi ciclo muriendo. ¿Por qué hacen preguntas tan estúpidas? ¿Por qué no entienden lo que es una sinopsis? ¿No saben lo que es un presupuesto? ¿Acaso no ponen atención? ¿Por qué? ¿Para qué estoy allí? ¡Cállense, no los soporto! Si estuviera delante de todos ellos lo más probable es que haya cogido mis cosas y me haya largado. Les podría explicar una vez, pero mil veces, no. Negadísimo. Mi profesor al fin los calla, yo regreso a mi estado inicial: de estrés constante pero con más tranquilidad.

Risa.- 1) acción de estirar la boca, hasta que llegue a la punta de cada oreja, abrirla y comenzar a producir sonoros ruidos ante alguna situación graciosa, estúpida o de cualquier índole, puede llegar con escupitajos incluidos, pero eso depende de cuan baboso sea usted; 2) salida única para darle a los obstáculos una patada en el culo; 3) lo que sé hacer bien. Me rio cuando no tengo nada que decir, justo en el momento exacto que me han preguntado cómo estoy y yo no sé si contar mi drama diario, por eso me rio. También lo hago cuando quiero llorar, me siento en algún sitio que esté alejado de todo, de todos y comienzo a reírme para no acordarme de mi verdadera intención de estar ahí: llorar.  Cuando me rio siento que no hay nada más que escuchar, sólo mi risa. Ella y yo nos llevamos tan bien, aunque ella sea muy fea es lo único que me da indicios de que sigo viva o por lo menos que me da la certeza de estarlo. Ahora me rio de un chiste viejo que acaba de pasar por mi mente. Aunque suene ridículo, siempre trato de pensar en cosas chistosas. Mi madre me repite: hija, si te la pasas riendo lo más probable es que la gente crea que eres una idiota. A mí me importa un carajo lo que la gente crea o afirme de mí. La idiota soy yo, no ellos, que no jodan. Como iba diciendo, trato de pensar en algo chistoso porque entre tanta mierda que se ve hoy en día, prefiero reírme por interno de mis malos chistes y poca imaginación. Mi risa también puede ser muy maliciosa. Me rio de todos cuando no se dan cuenta, no por maldad, sino para recordarles indirectamente lo humanos que se ven y son cuando se  creen superhéroes o súper especiales con personalidades y vidas que no les pertenecen.

Sarcasmo.- ¡Qué divertido es ponerme a pensar en cinco palabras para un diccionario y que sean parte de mi vida! (sarcasmo 1). En realidad, no es un sarcasmo, es un verdadero motivo para pensar. Pero, estoy sentada delante de una pantalla, donde hay un lienzo en blanco llamado Documento en Word, que está siendo escrito por mí sobre mí. Es complicado. No sé qué tiene que ver con el sarcasmo. Mentira. Tiene que ver mucho, porque al hacer este inventario/diccionario de las posibles palabras que asocie con mi vida sería una especie de sarcasmo de mí misma. Lo sé, no estoy relatando nada. Pero, yo creo que sí porque les estoy contando mis sensaciones al escribir esto. Me confundo, y siempre quiero dejarlo a un lado, sin embargo no lo hago, aparte de ser una consigna académica es parte de mí y necesito verlo terminado. ¿Para qué? Para ver cómo me veo. ¡Juego de contemplación! Cuando leo cada línea de esta siento que estoy siendo muy sarcástica. Ustedes deben estar acostumbrados a mí. Es muy chistoso porque creo que soy sarcástica todo el tiempo, hasta muchas veces pienso sarcásticamente. Mientras hablan, ríen, lloran, critican, etc. yo estoy contestándoles con un sarcasmo. Es como el efecto de mi risa, pero distinto. ¡Me apena mucho ser sarcástica! (sarcasmo final)

Terror.- Asusto y no por mi apariencia. Quisiera tener una máquina de escribir vieja, grande y oxidada. Vivir en un tugurio, sentarme diariamente en un escritorio viejo, y que en él esté la máquina. Poner un papel amarillento y ahí dibujar con letras muchos monstruos, asesinos en serie, psicópatas y aparecidos. Desde que tengo uso de razón me encanta asustar, no sé si es una buena o mala condición mental, pero la disfruto y si es de estar loca, lo acepto con dignidad. Creo que invocar y evocar al terror es la única forma de no tener miedo. Pero lo tengo: no me gusta la oscuridad, duermo con la puerta cerrada y con la luz prendida. Paradojas, paradojas por todos lados. A los que nos gusta asustar, no nos gusta ser asustados. Es muy indigno, pero lógico. Yo te asusto a cambio de tus gritos, si tú me asustas, te golpeo. Mi cobardía siempre se pone a prueba con lo que escribo, si me asusta es un éxito, sino, lo rompo y vuelvo a matar gente en otro contexto, otro asesino, otro método.



miércoles, 29 de junio de 2011

Ciertos sucesos de las amistades peligrosas

Catalina era aparentemente normal, la máscara de lo imperceptible era su marca de fábrica. Era casi común y corriente; en una situación hiperbólica era un nadie en medio del todo. Me había citado en la cafetería de siempre para hacernos un poco de conversación, luego de esa llamada en plena madrugada. Como toda ella era una maraña de inestabilidades, debí suponer que nuestro dialogo iniciaría con  la introducción de siempre: he hecho una cagada que no tienes idea. Catalina era como una niña de cinco años y  siempre tenía alguna travesura que comentar y yo estaba presta a emocionarme con sus cuentos.

La tarde estaba apagada y se disponía a permanecer impetuosa con su amenaza de lluvia. Entré a la estrecha cafetería donde ella estaría esperándome quieta e inmóvil para que yo acudiera a rescatarla con alguna palabra de aliento tal cual lo hacía cuando teníamos quince. Pero, me di cuenta que no estaba, una vez más sería impuntual. Acto seguido, me senté en una mesa cerca del gran ventanal de la cafetería e inmediatamente me puse a pensar en que ella era la única que me hacía recordar que sé dar consejos pero no sé seguirlos, y eso me hace parte del masivo y repugnante grupo de los que no hacemos lo que profesamos. Sin embargo mis bizarras paranoias se esfumaron al estar frente a ese escenario monótono y aburrido de cafetería: era natural ver en cualquiera el improvisado desfile de meseros con sus coloridos delantales y sus brillantísimos charoles y percibir el olor agravado de la comida. La escenografía se vuelve nauseabunda.  Gracias a mi fobia social estaba desesperada, no deseaba que ningún mesero se me acercase ni mucho menos una persona a preguntarme si la mesa estaba ocupada. De repente todo ese espectáculo  y mi temor se detuvo cuando entró la amiga en cuestión.

Habíamos sido mejores amigas durante toda una vida. Después de que se casó la había visto en reuniones frívolas esporádicas y nunca más volvimos a intimar hasta hace unas horas que me llamó en la madrugada. Esta vez, las situaciones que nos reencontrarían eran patéticas, yo ya no soy quien fue hace cinco años, nada me animaba, todo me parecía tan vulgar. Las arrugas habían comenzado a poblar mi rostro por el estrés, no salía a farrear por el cansancio prematuro y mi desenfado poco a poco se fue convirtiendo en prudencia y recato. Cuando me reúno con Catalina siempre tengo algún motivo para que una sonrisa se asome en mi árido rostro. Mientras Catalina daba sus pasos ligeros para llegar a la mesa, yo continuaba divagando en el motivo de la repentina llamada a las cinco de la madrugada. Me las olía muy en el fondo y estaba consciente de que esta reunión tenía una doble intención. Se acercó sigilosamente hacía mí y me  saludó como antaño: sus delgadas extremidades superiores se habían convertido en una sola al abrazarme, parecía una boa que planeaba destruirme la columna, y finalmente estampó su labial rojo en mis dos mejillas. Se sentó frente a mí y enseguida esas facciones llenas de algarabía se transfiguraron en la amargura viva. Pensé en no preguntarle yo, era lógico, si era su drama ella debía dar el primer paso. Cruzó los brazos sobre la mesa, hurgó en su cartera para sacar lo fundamental en una conversación: su cigarrera, el encendedor y sus mentos favoritos. Llamó al mesero y pidió un capuccino, yo pedí un expreso cargado porque todavía sentía las secuelas del insomnio provocado por ella. 

Hacia 2 semanas que por primera vez había tomado una decisión, quizás la más radical de su vida al enterarse de las malas trastadas que Emmanuel, su marido, le estaba haciendo. Radical en el sentido de que ella nunca tuvo la capacidad de decidir, el mundo decidía por ella. Ella eligió a Emmanuel por tener las plásticas “cosas en común”: les gustaba los golden retriever, los picnic en domingo, celebrar los anirversarios con tarjetas patéticas de Hallmark y hacer fondue de chocolate para ver una película cada viernes; aparte que su marido respondía al cliché masculino idealizado: guapo, caballero y  con un futuro prometedor. Sabía que esos cuatro años de matrimonio algún día se irían al caño y quizás por culpa de Catalina: tan decidida y luego tan aguafiestas. Su marido le era infiel y estaba dolida por aquello, le pudo haber aburrido, pero era una mujer que hieren si es cambiada por otra igual o peor. Todo esto me lo decía mientras se tomaba un capuccino descafeinado y fumaba un delicado y delgado tabaco para mujer con sabor a cereza. Soy sarcástica y sabía perfectamente que Catalina es incapaz de matar una mosca, podía ser superficial, un poco fofa y hasta pretensiosa por eso le pregunté cuál había sido su venganza, con un tono burlesco para que comprendiera que la estaba subestimando. Me echó una mirada con una de sus cejas alzadas como tratando de responder a mi ofensa. Catalina por primera vez había tomado el sartén por el mango: se vengó y de la manera más concienzuda y planificada para su falta de experiencia y capacidad de maldad. Al confirmarse la infidelidad de Emmanuel, decidió actuar rápido pero no con prisa. Catalina era más astuta que una gata: había comprado una botellita, del tamaño de mi dedo índice, de cianuro, durante tres días preparaba cenas deliciosas que servía con esmero a la luz de las velas. En estos platos carnavalescos dosificaba poco a poco el poderoso veneno. Expiró un poco del aire nicotizado y continuó contádome. inescrupulosa y victoriosa describía como antes de ayer vio cómo su adultero esposo dio la última bocanada de aire mientras la veía a los ojos y pronunciaba su nombre con gritos que profundizaban la agonía. Lo único que hizo fue coger sus cuatro maletas y dejar el cadáver tendido en la alfombra atigrada comprada para celebrar su aniversario que sería en dos semanas más. La historia parecía increíble: mi amiga la fofa se había convertido en una novel asesina. Terminó su capuccino, apagó el tabaco, puso su rostro en medio de las manos y me miró con ojos de niña, como si esperara mi opinión sobre su noble hazaña. Enmudecí y solo me limité a mirarla con asombro y pensar en que era mucho más inteligente que un asesino a sueldo. 

Estaba tan consciente que Catalina no me buscaba para confesarme su delito, sino para que le diera una mano. No era dinero, no era techo, no era comida. Lo que mi audaz compinche quería era salir del problema sin necesidad de pasar por el interrogatorio policial. Yo era la única que podía darle el boleto dorado para su exculpación. Trabajaba en el aeropuerto y ocupaba un puesto bastante bueno que me daba el lujo de mirar al resto desde arriba, y así poder irse del país sin necesidad de pasar por el debido proceso que se le hace a los sospechosos ¡Vamos, pónganse en mi lugar! era mi mejor amiga y lo que me hace vulnerable ante ella es siempre querer acceder ante sus manotones de ahogado y porque yo también estaba flotando en la laguna de la culpabilidad. 

Accedí sin pensarlo dos veces, solo con la condición de que nos podamos ir juntas, el peso de la culpabilidad me estaba consumiendo desde el momento en que Emmanuel decidió elegirme y que gracias a eso ahora esté debajo de mi cama pudriéndose después de haber sido yo quien lo encontrara tirado en la alfombra atigrada con la boca abierta y los ojos brillosos. 

jueves, 23 de junio de 2011

Instrucciones para pasar las noches creyendo que vive con un monstruo

Para qué enseñarle algo que sabe desde su niñez. O quizás sí. Sí, es prudente que yo le muestre en breves pasos lo fácil que es pasar la noche creyendo que vive con un monstruo y despertar la cobardía en un hombre adulto. Lo más probable es que después de tantos años de haber perdido sus referentes infantiles, usted no recuerde lo qué es un, o cómo es un monstruo. Un monstruo es un ser mitológico, de grandes dimensiones y muy poderoso; actualmente las convenciones arbitrarias lo muestran como un peluche malo que varía de colores, con dientes filudos; puede tener si bien un ojo, dos o hasta cuatro. Le hago una advertencia: el monstruo con el que usted creerá vivir no será uno enclenque y afelpado sino el de la mismísima mitología. Continuemos, los monstruos regularmente habitan en lugares cálidos como: sótanos, armarios o debajo de una cama; come humanos crudos, como usted o como yo. Ya que usted recuerda el modus vivendi y operandi del horrible acompañante de sus veladas, procederé a guiarlo.

Como primer paso, aconsejo que coma mucho a partir de las diez de la noche. Es probable que llegue del trabajo o universidad y tenga mucha hambre. Tener la barriga llena no sólo trae consigo un corazón contento ni las arterias llenas de grasa, sino que ese estado lo lleva a tener más alucinaciones que un borracho después de haberse bebido media cantina. Ya con la barriga llena y su estado de obnubilación deberá añejar su miedo desde las once y media de la noche hasta las doce en punto porque a esa hora todo oscurece más de lo normal y en su cabeza empezarán a rondar historias de monstruos y aparecidos. Al principio, creerá tentar con valentía a los seres de otro mundo. Se dará el lujo de blasfemar en contra de las almitas en pena y los monstruos. En cuanto a estos, dirá que son unos grandes maricas porque Disney los ha transformado en seres más bondadosos que una monja de orfanatorio. Cuando sean las doce y cinco, usted creerá creer que hay alguien en alguna parte de su casa. Escuchará pasos de grandes dimensiones y sospechará que al monstruo que ha tentado, llegó. Comenzará a gritar, a implorar por su alma y pedirle disculpas al monstruo que ahora está en su cuarto esperando a sacarle las tripas. En pocas palabras, el marica ahora es usted. Una vez que siente que el miedo se ha apoderado de sus sentidos deberá entrar a su cuarto. Ingenuamente caerá en el cliché de cazador de mitos y querrá enfrentar al monstruo. Tome un paraguas (sí, quiero hacerlo ver más marica) y llévelo como espada hasta la puerta de su cuarto. Suba poco a poco las escaleras, gire su cabeza cada tres segundos para constatar que el monstruo no está detrás de usted.

 Al llegar no  encienda las luces, quizás con esto el monstruo se altere, lo asesine y me arruine el manual de supervivencia. Revise debajo de la cama, tiene tanto miedo que sabe que el monstruo pudo ocultarse allí debajo y sacar una de sus grandes y garrudas manos para abducirlo y sacarle las entrañas. Cuando tenga lista la inspección y sabe que su existencia no acabará de forma tan cruenta, recuéstese suavemente en la cama, tápese con la frazada y siga temblando. Seguirá con la idea en la cabeza de que hay un monstruo. Durante los siguientes veinte minutos, no podrá dormir. Coloque la cabeza en su almohada y manténgase despierto (de preferencia sude para hacer más realista y conmovedor el cuadro). Instantáneamente comenzará a escuchar el crujido de los arboles contra las paredes de su casa, las ramas producirán sombras horripilantes, el croar de los sapos se convertirán en el sonido del aleteo del dragón, etc. Esto provocará que tiemble como una gelatina cuando es desvirgada por una cuchara. Dará una vista panorámica a su dormitorio y seguirá sintiendo la grave presencia del monstruo. Como paso cobarde, activará su mejor arma de defensa: la colcha; con ella se cubrirá hasta la cabeza. Su mente le seguirá jugando trastadas y creerá escuchar ruidos, gruñidos; sentirá el temblor de la cama provocado por una fuerza sobrehumana. El clímax de su espanto llegará al momento en que diga sentir el vaho del ser paranormal sobre la nuca. Inmediatamente, se dará la vuelta y en su estado entre sonámbulo y consciente, verá que no hay nadie. Sólo ha sido un susto. Destapará su todavía asustadiza humanidad, colocándose de manera cómoda para dormir hasta el día siguiente. Como el sueño tiene la capacidad de borrar los recuerdos, su miedo renacerá y se tomará su cuerpo nuevamente durante las siguientes noches de su existencia gracias a su glotonería.

Advertencia: Si los síntomas persisten, consulte a su psiquiatra.
Duración del espanto: 20 minutos


miércoles, 8 de junio de 2011

Líquida

Al fin y al cabo, la amo. Eso siempre trato de meterme en la cabeza cada vez que veo a Bárbara sufrir una de sus transformaciones. No sé si yo, pero hasta ahora he sido paciente o demasiado pendejo para aguantar algo tan abrupto como sus cambios diarios. Ella se lo atribuye al mal de la familia. Llevamos  un año y unos cuantos meses de novios y todavía no entiendo cuál es su verdadera justificación ante el problema.

El día de nuestro aniversario llegué a su casa con un gran ramo de rosas blancas, sus favorita. Al abrir la puerta, la vi hermosa: su piel estaba fresca como siempre, olía delicioso, estaba prolijamente peinada, pero había algo en su ropa que no me cuadraba. En realidad, no encajaba en la tipicidad y sencillez de mi Bárbara. Estaba vestida como una girl scout porque según ella me daría la sorpresa de mi vida.


-¡Bárbara! ¿Qué demonios te ocurre?
-Nada amor, ¿por qué?
-¡¿Por qué?! Se supone que iríamos a cenar a tu restaurante favorito
-Pero, tú sabes cómo soy Ignacio, a mí no me gusta la rutina, yo soy más…
-¡LOCA!
-No, soy más original, cosa que ya deberías saber de mí.
-Lo admito, pero es nuestro aniversario y te advertí que...
-Sí, sí que deberíamos celebrarlo con más seriedad y bla bla
-¡Bárbara! Yo te amo pero no sé si soportar tremenda cosa.

Lo consiguió, me convenció de hacer una cita creativa para que yo aprenda de la calidad de bueno que ella como un ser especial posee. Ese día, Bárbara me llevó a ayudar ancianos, fuimos a parar a un asilo para que yo sacara mi lado altruista. Permanecimos ahí casi la mayor parte de nuestra tarde. Tarde en la que pudimos haber hecho cosas más interesantes o por lo menos que a mí me parecieran dignas de la celebración de mi primer aniversario a lado de una loca.  Al llegar del asilo, y antes de llegar a su casa Bárbara alcanzó a ver a Silvestre, el gato de su vecina, trepado en un árbol y maullando como ambulancia dañada para que lo bajaran. Bárbara cometió el error más grande de su vida: me hizo ir en busca de Silvestre.

-Ignacio, súbete despacio, dijo en tono de madre protectora
-Amor eso intento, este árbol está demasiado empinado, le respondí con calma para que no sospechara de mi pánico a las alturas.
-No sé como pretendes ser un buen boy scout, contestó virando su rostro como queriendo ignorarme.
-¡BÁRBARA! YO SOLO PLANEABA LLEVARTE A COMER SUSHI NO QUE ME VIERAS COMO TU HÉROE
-PERO SI YA ERES MI HÉROE, SÓLO QUE UN POCO MALO Y CRUEL CON LOS ANIMALES, contestó con voz de niña de tres años.
-¡YA MISMO LLEGO A LA COPA DEL ÁRBOL!

Mi novia no sabía que sufría de vértigo. En realidad sí y lo sabía porque nos conocemos a la perfección, sólo que en sus cambios de personalidad se olvida un poco de mí y se preocupa por transformarme en una mejor persona. Cuando tomé al condenado gato no pisé bien el tronco del árbol y enseguida eché una mirada abajo lo que provocó que me desubicara del espacio y cayera como un tótem recién derribado.

-¡Ignacio! ¿Estás bien?, preguntó con la angustia encerrada en su garganta
-Bien he…cho mierda, querrás de…cir, contesté con la voz entrecortada por las magulladuras hechas recientemente en mi cuerpo.
-Mírale el lado bueno, acabas de sacrificar tu buen estado físico por un animalito
-Bárbara, si te callaras sería mucho mejor
-Jajaja, eres un resentido

Finalmente, apretó a Silvestre entre sus brazos y me dejó botado en el suelo quejándome de la fractura en alguna parte de mi cuerpo que veía venir. Caminó hacia la puerta para tocar el timbre. Cuando la vecina salió, la recibió con lágrimas en los ojos y le agradeció por lo valiente que había sido al bajar ella al pobre gato negro. Pensé estúpidamente que Bárbara reconocería que yo era el héroe de ese pequeño episodio, pero no, se llevó el crédito y las galletas de chocolate que la amable y regordeta vecina le dio en recompensa a la noble hazaña. Yo seguía en el suelo, esperando a que Bárbara llegara a salvarme.

 ***
Gracias a la sorpresa de Bárbara quedé con una lesión de columna y postrado en una cama por dos semanas. Durante ese tiempo, Bárbara vino a hacerme compañía, estaba más apaciguada y sus cambios de personalidad no se presentaron. Luego de esas dos semanas volví a la rutina y aunque era consciente de todo el tiempo que llevaba con ella y conocerla con sus transformaciones, me gustaba mucho lo que hacía. Después de todo, me daba el lujo de conocer su personalidad mutante.


Llegué un día de esos a su casa para ver si íbamos al cine o hacíamos cualquier cosa que no implique estar encerrados ahí, con los ojos de sus padres encima mío. Cuando toqué la puerta, Bárbara estaba con el maquillaje chorreado, tenía los ojos hinchados como si le hubiera dado conjuntivitis. Lloraba como una magdalena y me miraba con cara de pocos amigos. Me preocupé bastante por su estado porque me hizo imaginar que alguno de sus padres había muerto, o quizás también se murió su canario Piolín o su tortuga Miguel Ángel.


-¿Qué te pasa?, pregunté y le hice pico para que me besara
-¿Que qué me pasa?, respondía mientras viraba la cara en afán de resentimiento
-Sí, eso mismo te estoy preguntando, le dije tratando de que no se me abalanzara a pegar.
-Eres un cínico, infeliz, desgraciado, mal hombre, contestó histérica
-A ver, a ver. ¿Bárbara viste alguna novela donde haya un tipo que se llama Ignacio y sea un mal hombre?, me hice el jocoso
-No, no precisamente, sé que me engañas, respondió con un nudo en la garganta
-¡¿Ah?!
-No te hagas el imbécil, Ignacio José
-No me llames José, bien sabes que no me gusta
-No me interesa
-Me podrías explicar qué sucede
-Hoy me llamó María José y me dijo que te había visto con la tipa esa
-¿Cuál tipa esa?
-Esa…
-¿Acaso te refieres a Gabriela?
-Sí, a esa misma
-Pero Bárbara, estás loca ella es mi mejor amiga
-María José me dijo que te vio muy acaramelado con ella
-¿Cuándo fue eso? Claro, según la detective de tu amiga
-No le digas así, pero dice que fue ayer
-Bárbara, tú crees en chismes de vieja cuentera, ayer pasé contigo todo el día
-¿En serio?
-Sí, en qué momento
-No sé, como tú eres medio inhibido conmigo
-Déjate de inestabilidades emocionales, ayer andábamos felices juntos y hoy me sales con que te cuerneo
-Bueno, te creo por esta vez
-Está bien

Esa tarde la pasamos espectacularmente, es más nos besamos hasta arrancarnos los labios, según ella en compensación de su inestabilidad, inseguridad y todo lo que le aqueja por tener un novio tan guapo como yo. Aunque no le creo porque sé que alguna vez me fue infiel en uno de sus arranques vengativos. Me puso el cuerno con mi mejor amigo, sin embargo, sé que estaba pasada de copas y no es que la justifico o que yo sea un mandarina, pero tenía toda la razón para hacerme cachudo, yo me había abusado de su paciencia y la dejé plantada en una cita que teníamos planificada desde hace varios meses. Cuando la llamé por teléfono para excusarme estaba histérica, tan cabreada que estaba a punto de llorarle para que no me terminara.

-¿Aló?
-Buenas con Bárbara
-Soy yo Ignacio
-Lo siento, mi Barbie, no te reconocí la voz
-¿Qué es lo que quieres?
-Pedirte perdón
-¿En relación a…?
-A lo de la cita de antes de ayer, tú sabes la maqueta para el profesor de diseño era pesada
-Si Ignacio, pero esta cita la veníamos planificando desde que tenemos seis meses de novios
-Lo sé, amor, pero también debes comprender que…
-¡Que nada!
-Tenemos diez meses de novios y nunca la concretamos y cuando al fin se da tú vienes y me dejas vestida y alborotada
-Perdóname
-No, nada de perdóname, tú y tus estudios me estresan. Deberías aprender a mí, nunca me siguió interesando estudiar, por eso trabajo y gano mi propio dinero.
-Pero es que a ti no te gusta estudiar, a mí sí, en parte. Por lo menos me lo tomo en serio
-Quiero que sepas que ayer me besé con Felipe en la fiesta que hicieron el mirador para celebrar su egreso de la carrera.
-A la que no íbamos a ir por nuestra cita ¿no?
-Así es, y déjame decirte que besa mejor que tú-

Me colgó histérica, pero esa ha sido nuestra única pelea fuerte. Bárbara es así, aunque me cuesta adaptarme a sus temporadas de oleaje de hormonas. Pero al fin y al cabo, la amo tal cual es. Se supone que ya hoy nos vemos para acompañarla donde su terapeuta. Me olvidaba contarles, no sabía que Bárbara era adicta a leer su horóscopo todos los días y a cada rato para que este le vaticinara su destino. Como soy de los que no me preocupo por eso decidí tomarlo como una manía de cualquier persona y reírme de aquello. Pero no, realmente estaba equivocado, Bárbara es líquida y moldeable gracias a su signo. Ella mismo me lo dijo ayer que hablamos por primera vez sobre su problema.

-Es que es algo que no sabes
-Dime Bárbara
-Yo creo que estoy loca
-Pero, así te quiero
-No, no es que esté bien
-No entiendo
-O sea mi locura no es de estar atada por una camisa de fuerza
-¿Entonces cómo?
-Pues mis padres creen que es la maldición familiar
-Cuéntamela
-Mira, todos los miembros de mi familia han nacido entre el 19 de enero y el 22 de febrero
-¿Ya?
-Sí, es muy grave
-Explícate que me estás asustando
-Ignacio, no puedo creer que no sepas nada de astrología
-No me preocupo en banalidades para serte sincero
-Mira, soy acuario y todos los de mi signo tienen todas las características que has ido conociendo, así pasó con mamá y bueno como ya te estoy dando pistas solo se presentan con más ahínco en las mujeres
-Quieres decir que… eres inestable, insegura, creativa, innovadora, infiel por impulso y demás cosas
-Ajam
-Necesitas ayuda
-Lo sé, ya me cansé de ser un líquida como el agua y moldeable como la plastilina.

Al llegar a su casa para acompañarla al terapeuta, me llamó la atención algo bastante particular que encontré en Bárbara: estaba vestida como una dominatriz. Traje negro, de cuero y ceñido al cuerpo; botas de charol muy brilloso y látigo en la mano. Era la primera vez que veía a la que era mi novia en un traje tan provocativo, tan sensual. Me di el lujo de hacer una inspección a sus curvas que siempre ocultaba bajo los pantalones cargo, suéteres de colores neutros. Sus ojos verdes, al fin se habían destapado de aquellos lentes cafés y finos. Vaya, Bárbara era toda una mujer, no cualquiera, era una mujer de la fantasía de cualquier sadomasoquista o dispuesto a ser víctima de esa vampiresa. Mis ojos estaban fuera de órbita y mis babas fuera de control. Al fin mi novia estaba comprendiendo el mensaje de las indirectas que le mandaba cuando le decía: debes probarme que me amas.

-Hola, guapo, me susurró al oído
-Bá…Bárbara, me intimidé y comencé a temblar
-¿Quieres hacer cosas malas y cochinotas?, lo dijo mientras lamía mi oreja y golpeaba el látigo en el suelo
-¿Qué dices? ¿Tus padres?
-Te pregunté si querías hacer cochinadas no que te inhibas
-Sí en realidad quiero ser más cochino que Babe el puerquito valiente, le contesté ya con la libido a mil
-Entonces, pasa, me tomó del cuello de la camisa halándome hasta su cuarto.

Cerró la puerta, no me gustaría entrar en detalles, pero lo que debo decir es que era el polvo más fabuloso de mi vida. Se abusó de mí y yo no tenía ninguna objeción. Desde ese día Bárbara ha tenido sus arranques creativos cuando vamos a hacer cosas malas. La verdad, ya no me disgustan tanto sus cambios repentinos, es más cada vez que toco el timbre de su casa ruego para que me atienda Barbie la enfermera sexy, Barbie la estudiante mala, Barbie la mata hombres o Barbie la exploradora.

¿El terapeuta? Que se vaya al carajo, mientras yo viva, ella no pisará ese mugroso consultorio. Ya es hora de que Bárbara pague la fractura que me hice en la columna gracias a Silvestre (lo hace muy bien por cierto).