Impaciencia.- Estoy en medio de un aula de clases. Sentada en el segundo pupitre de la última columna de bancas. Escucho muchos gritos alrededor mío: “no, no entiendo…”, “¿por qué vamos a gastar en la impresión de un afiche? “Sí, es demasiado caro, no podemos invertir tanto”. Llevo ambas manos a mi cara y cierro los ojos. Los gritos hacen eco en mi cabeza, por más que estoy cubierta sigo escuchando quejas, peleas, chistes estúpidos, etc. mi paciencia se va yendo. Vuela como un papel abandonado. Tengo ganas de tantas cosas: de gritarles el abecedario de los insultos, decirles que parecen niños de escuela al hacer tanto escándalo o bien sacar una metralleta y matar a todos. No, me inclino por una navaja para cortarles la lengua. Estoy convulsionando del coraje; en mi cabeza tengo la imagen de las personas de mi ciclo muriendo. ¿Por qué hacen preguntas tan estúpidas? ¿Por qué no entienden lo que es una sinopsis? ¿No saben lo que es un presupuesto? ¿Acaso no ponen atención? ¿Por qué? ¿Para qué estoy allí? ¡Cállense, no los soporto! Si estuviera delante de todos ellos lo más probable es que haya cogido mis cosas y me haya largado. Les podría explicar una vez, pero mil veces, no. Negadísimo. Mi profesor al fin los calla, yo regreso a mi estado inicial: de estrés constante pero con más tranquilidad.
Risa.- 1) acción de estirar la boca, hasta que llegue a la punta de cada oreja, abrirla y comenzar a producir sonoros ruidos ante alguna situación graciosa, estúpida o de cualquier índole, puede llegar con escupitajos incluidos, pero eso depende de cuan baboso sea usted; 2) salida única para darle a los obstáculos una patada en el culo; 3) lo que sé hacer bien. Me rio cuando no tengo nada que decir, justo en el momento exacto que me han preguntado cómo estoy y yo no sé si contar mi drama diario, por eso me rio. También lo hago cuando quiero llorar, me siento en algún sitio que esté alejado de todo, de todos y comienzo a reírme para no acordarme de mi verdadera intención de estar ahí: llorar. Cuando me rio siento que no hay nada más que escuchar, sólo mi risa. Ella y yo nos llevamos tan bien, aunque ella sea muy fea es lo único que me da indicios de que sigo viva o por lo menos que me da la certeza de estarlo. Ahora me rio de un chiste viejo que acaba de pasar por mi mente. Aunque suene ridículo, siempre trato de pensar en cosas chistosas. Mi madre me repite: hija, si te la pasas riendo lo más probable es que la gente crea que eres una idiota. A mí me importa un carajo lo que la gente crea o afirme de mí. La idiota soy yo, no ellos, que no jodan. Como iba diciendo, trato de pensar en algo chistoso porque entre tanta mierda que se ve hoy en día, prefiero reírme por interno de mis malos chistes y poca imaginación. Mi risa también puede ser muy maliciosa. Me rio de todos cuando no se dan cuenta, no por maldad, sino para recordarles indirectamente lo humanos que se ven y son cuando se creen superhéroes o súper especiales con personalidades y vidas que no les pertenecen.
Sarcasmo.- ¡Qué divertido es ponerme a pensar en cinco palabras para un diccionario y que sean parte de mi vida! (sarcasmo 1). En realidad, no es un sarcasmo, es un verdadero motivo para pensar. Pero, estoy sentada delante de una pantalla, donde hay un lienzo en blanco llamado Documento en Word, que está siendo escrito por mí sobre mí. Es complicado. No sé qué tiene que ver con el sarcasmo. Mentira. Tiene que ver mucho, porque al hacer este inventario/diccionario de las posibles palabras que asocie con mi vida sería una especie de sarcasmo de mí misma. Lo sé, no estoy relatando nada. Pero, yo creo que sí porque les estoy contando mis sensaciones al escribir esto. Me confundo, y siempre quiero dejarlo a un lado, sin embargo no lo hago, aparte de ser una consigna académica es parte de mí y necesito verlo terminado. ¿Para qué? Para ver cómo me veo. ¡Juego de contemplación! Cuando leo cada línea de esta siento que estoy siendo muy sarcástica. Ustedes deben estar acostumbrados a mí. Es muy chistoso porque creo que soy sarcástica todo el tiempo, hasta muchas veces pienso sarcásticamente. Mientras hablan, ríen, lloran, critican, etc. yo estoy contestándoles con un sarcasmo. Es como el efecto de mi risa, pero distinto. ¡Me apena mucho ser sarcástica! (sarcasmo final)
Terror.- Asusto y no por mi apariencia. Quisiera tener una máquina de escribir vieja, grande y oxidada. Vivir en un tugurio, sentarme diariamente en un escritorio viejo, y que en él esté la máquina. Poner un papel amarillento y ahí dibujar con letras muchos monstruos, asesinos en serie, psicópatas y aparecidos. Desde que tengo uso de razón me encanta asustar, no sé si es una buena o mala condición mental, pero la disfruto y si es de estar loca, lo acepto con dignidad. Creo que invocar y evocar al terror es la única forma de no tener miedo. Pero lo tengo: no me gusta la oscuridad, duermo con la puerta cerrada y con la luz prendida. Paradojas, paradojas por todos lados. A los que nos gusta asustar, no nos gusta ser asustados. Es muy indigno, pero lógico. Yo te asusto a cambio de tus gritos, si tú me asustas, te golpeo. Mi cobardía siempre se pone a prueba con lo que escribo, si me asusta es un éxito, sino, lo rompo y vuelvo a matar gente en otro contexto, otro asesino, otro método.
No hay comentarios:
Publicar un comentario