miércoles, 6 de julio de 2011

Soy un pentágono

Crisis.- Este clima es una mierda. Mi salud se jode hoy por culpa del frío. Podrá parecer repetitivo, pero a esta hora de la mañana, ya seis y cinco, me siento pésimo. El pecho se me ha empezado a cerrar y no puedo respirar muy bien. Mi madre me ha prohibido ir a la clase de las ocho y media, su argumento: el aire acondicionado del aula me puede afectar. Esto de estar enfermo cuando menos te lo esperas me hace sentir impredecible, cambiante, versátil. No por nada malo, sino porque sé que mis golpes son tan repentinos como la crisis asmática que me atosiga tan temprano. Es como si no pudiera desprenderme de ella, no solo por ser una afección física, sino porque es parte de lo que soy. Ahí nuevamente empiezan a aparecer otras ideas locas, por ejemplo, en lo patética que me vería con un letrero que diga “asmática” como un rótulo que ventile mi condición. Ok, quizás, después de leer eso, todos crean que me burlo de mí y de los enfermos crónicos como yo, en realidad no, sé lo que se siente estar con problemas que esperan a reventar en cualquier momento como volcán extinto. Pero, no me gustaría que me aceptaran por eso, o tal vez, podría ser que sepan de lo que padezco, de una vez enterados sabrán que medicamento deben suministrarme cuando el color canela de mi piel se empiece a tornar morado. Se me ha venido otra idea loca: ser asmática y estar enferma ahora mismo me vuelve un poco “única e irrepetible” porque la mayoría (¡oh comunes mortales!) debe padecer de una gripe cualquiera, de un estornudo cualquiera; pero jamás de alergia y asma unidas; es un combo bastante convenenciero y genial, mientras una me despedaza la nariz, la otra no me permite respirar. Cuando me pasa la crisis suelo verme en el espejo: mi nariz está tan cuarteada, tengo voz de tarro y mi cara es la del típico semblante de haber estado metida en un iglú. Es divertido. Todavía creo ser muy sensible: si lloro me da asma, si me rio en exceso me da asma; soy como una Barbie a la que no se le puede estirar mucho la pierna porque si no se sale de su lugar. ¡No! No quiero lucir como una Barbie, sólo quiero verme como una asmática más con problemas de respiración a la que dosifican Meticorten de 20 miligramos y puede dormir hasta el día siguiente.

Impaciencia.- Estoy en medio de un aula de clases. Sentada en el segundo pupitre de la última columna de bancas. Escucho muchos gritos alrededor mío: “no, no entiendo…”, “¿por qué vamos a gastar en la impresión de un afiche? “Sí, es demasiado caro, no podemos invertir tanto”.  Llevo ambas manos a mi cara y cierro los ojos. Los gritos hacen eco en mi cabeza, por más que estoy cubierta sigo escuchando quejas, peleas, chistes estúpidos, etc. mi paciencia se va yendo. Vuela como un papel abandonado. Tengo ganas de tantas cosas: de gritarles el abecedario de los insultos, decirles que parecen niños de escuela al hacer tanto escándalo o bien sacar una metralleta y matar a todos. No, me inclino por una navaja para cortarles la lengua. Estoy convulsionando del coraje; en mi cabeza tengo la imagen de las personas de mi ciclo muriendo. ¿Por qué hacen preguntas tan estúpidas? ¿Por qué no entienden lo que es una sinopsis? ¿No saben lo que es un presupuesto? ¿Acaso no ponen atención? ¿Por qué? ¿Para qué estoy allí? ¡Cállense, no los soporto! Si estuviera delante de todos ellos lo más probable es que haya cogido mis cosas y me haya largado. Les podría explicar una vez, pero mil veces, no. Negadísimo. Mi profesor al fin los calla, yo regreso a mi estado inicial: de estrés constante pero con más tranquilidad.

Risa.- 1) acción de estirar la boca, hasta que llegue a la punta de cada oreja, abrirla y comenzar a producir sonoros ruidos ante alguna situación graciosa, estúpida o de cualquier índole, puede llegar con escupitajos incluidos, pero eso depende de cuan baboso sea usted; 2) salida única para darle a los obstáculos una patada en el culo; 3) lo que sé hacer bien. Me rio cuando no tengo nada que decir, justo en el momento exacto que me han preguntado cómo estoy y yo no sé si contar mi drama diario, por eso me rio. También lo hago cuando quiero llorar, me siento en algún sitio que esté alejado de todo, de todos y comienzo a reírme para no acordarme de mi verdadera intención de estar ahí: llorar.  Cuando me rio siento que no hay nada más que escuchar, sólo mi risa. Ella y yo nos llevamos tan bien, aunque ella sea muy fea es lo único que me da indicios de que sigo viva o por lo menos que me da la certeza de estarlo. Ahora me rio de un chiste viejo que acaba de pasar por mi mente. Aunque suene ridículo, siempre trato de pensar en cosas chistosas. Mi madre me repite: hija, si te la pasas riendo lo más probable es que la gente crea que eres una idiota. A mí me importa un carajo lo que la gente crea o afirme de mí. La idiota soy yo, no ellos, que no jodan. Como iba diciendo, trato de pensar en algo chistoso porque entre tanta mierda que se ve hoy en día, prefiero reírme por interno de mis malos chistes y poca imaginación. Mi risa también puede ser muy maliciosa. Me rio de todos cuando no se dan cuenta, no por maldad, sino para recordarles indirectamente lo humanos que se ven y son cuando se  creen superhéroes o súper especiales con personalidades y vidas que no les pertenecen.

Sarcasmo.- ¡Qué divertido es ponerme a pensar en cinco palabras para un diccionario y que sean parte de mi vida! (sarcasmo 1). En realidad, no es un sarcasmo, es un verdadero motivo para pensar. Pero, estoy sentada delante de una pantalla, donde hay un lienzo en blanco llamado Documento en Word, que está siendo escrito por mí sobre mí. Es complicado. No sé qué tiene que ver con el sarcasmo. Mentira. Tiene que ver mucho, porque al hacer este inventario/diccionario de las posibles palabras que asocie con mi vida sería una especie de sarcasmo de mí misma. Lo sé, no estoy relatando nada. Pero, yo creo que sí porque les estoy contando mis sensaciones al escribir esto. Me confundo, y siempre quiero dejarlo a un lado, sin embargo no lo hago, aparte de ser una consigna académica es parte de mí y necesito verlo terminado. ¿Para qué? Para ver cómo me veo. ¡Juego de contemplación! Cuando leo cada línea de esta siento que estoy siendo muy sarcástica. Ustedes deben estar acostumbrados a mí. Es muy chistoso porque creo que soy sarcástica todo el tiempo, hasta muchas veces pienso sarcásticamente. Mientras hablan, ríen, lloran, critican, etc. yo estoy contestándoles con un sarcasmo. Es como el efecto de mi risa, pero distinto. ¡Me apena mucho ser sarcástica! (sarcasmo final)

Terror.- Asusto y no por mi apariencia. Quisiera tener una máquina de escribir vieja, grande y oxidada. Vivir en un tugurio, sentarme diariamente en un escritorio viejo, y que en él esté la máquina. Poner un papel amarillento y ahí dibujar con letras muchos monstruos, asesinos en serie, psicópatas y aparecidos. Desde que tengo uso de razón me encanta asustar, no sé si es una buena o mala condición mental, pero la disfruto y si es de estar loca, lo acepto con dignidad. Creo que invocar y evocar al terror es la única forma de no tener miedo. Pero lo tengo: no me gusta la oscuridad, duermo con la puerta cerrada y con la luz prendida. Paradojas, paradojas por todos lados. A los que nos gusta asustar, no nos gusta ser asustados. Es muy indigno, pero lógico. Yo te asusto a cambio de tus gritos, si tú me asustas, te golpeo. Mi cobardía siempre se pone a prueba con lo que escribo, si me asusta es un éxito, sino, lo rompo y vuelvo a matar gente en otro contexto, otro asesino, otro método.



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