A Monterroso y su dinosaurio
Cuando despertaba él siempre seguía allí. La verdad no entiendo cómo hacía para aparecer cada mañana en el mismo lugar. Nunca supe la hora y día de su llegada, no conocíamos lo que era la comunicación. Por salir siempre apurada a mi trabajo no me tomaba la molestia de despertarlo y así preguntarle por qué estaba allí. No sé cuántos años llevé viéndolo del lado izquierdo de mi cama, tan estático y pegajoso. Ayer no pude dormir y sentí el momento justo cuando entró. Arrastraba su enorme cola, sus pisadas eran descomunales y con el peso de ellas resquebrajaba el piso. Se sentó en la cama y sacó del cajón del velador un libro. De repente cayó dormido y aproveché para revisarlo. Encontré una carta de despido, una tarjeta de un bar gay y finalmente una nota que decía: llámame guapo 091751104. Hoy por la mañana le he pedido que se vaya, que no sé porque he aguantado tanto tiempo a su lado. Desde hoy voy a dormir sola, justo en el lado izquierdo donde él dormía porque así me evito el hábito de creer que él sigue allí al despertarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario